La voluntad de Dios, mi voluntad y otras circunstancias

Una y otra vez parece escabullírsele a Íñigo la voluntad de Dios. Jerusalén, Alcalá, Salamanca… le han ido cerrando las puertas. Pregunta y una otra vez: «¿Qué quieres de mí?». Y cada vez la respuesta que intuye le pone de nuevo en camino. Cuando cree poder asentarse, tiene que volver a partir. Prueba, y fracasa. Y en el proceso va descubriendo que su búsqueda es compleja. Mucho más de lo que pensara cuando se lanzó a esta vida peregrina. Pero no se rinde.

Buscar la voluntad de Dios… ¡Qué frase! ¡Qué meta! ¡Qué reto! Cuando Ignacio defina lo que son los ejercicios espirituales, reflejando su propio itinerario vital e interior, esta propuesta resonará con fuerza. Ejercicios espirituales, ocasión para prepararse, «para quitar de sí mismo las afecciones desordenadas,  y buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de la propia vida» (EE. EE. 1).

Buscar la voluntad de Dios. Una propuesta inmensa y difícil al tiempo. ¿Nunca te lo has preguntad? ¿Qué quiere Dios de mí? ¿Nunca te lo ha planteado alguien, llenándote de incertidumbre? «En la vida te conviene buscar la voluntad de Dios…». Y tú te quedas ahí plantado, con cara de usto, preguntándote cómo se hará eso, y en qué consiste esto de la voluntad de Dios. Te inquieta pensar que te falta una sensibilidad especial que otros parecen tener, para detectar, sentir, descubrir y ver claramente que Dios quiere que hagas esto y no lo otro.

Es semejante a lo que ocurre cuando la gente pregunta por esto de la vocación, y mitifica «la llamada»,

Como si se tratase de tener línea directa con Dios, que inconfundible claridad te va a decir: «Ahora has esto», y «ahora lo otro». En realidad no es tan claro, ni tan explícito, al menos no en la mayoría de los casos. Y el mismo ejemplo de Íñigo nos lo deja ver. Íñigo también busca la voluntad de Dios. De alguna manera dicha voluntad ya está definida: «Ayudar a los prójimos». Las concreciones dependerán de tantas cosas… ¿Era voluntad de Dios que fuese a Alcalá, a Salamanca o a París…? ¿O son, más bien, las opciones de Ignacio, dejándose guiar por el Espíritu y tratando de concretar esa voluntad básica que, con tanta claridad, se ha manifestado para su vida?

Conviene hui de una imagen demasiado pasiva de las existencias.

Como que Dios fuese el que maneja los hilos y nosotros sólo marionestas que tenemos que dejarnos mover. A veces resulta excesivo pensar que Dios «quiere» que hagamos tal o cual cosa: ¿Me compro esto o no me lo compro? ¿Hago este viaje o no lo hago? ¿Leo este libro o este otro?

Dios qiuere que vivamos conforme al evangelio.

De eso se trata. En realidad la voluntad de Dios no anula nuestra voluntad, ni nuestra libertad, sino que pasa por ellas. Lo que Dios quiere y sueña, para la vida de cada ser humano, es la capacidad de vivir con dignidad y -supuesta la dignidad de las situaciones humanas- abiertos a una trascendencia que nos devuelve al mundo para vivir en él construyendo el Reino; de acuerdo con la lógica de un amor que se refleja en Jesús de una forma definitiva: el amor pascual. Cada uno de nosotros, en función de nuestra vida, educación, carácter, historia y circunstancias, lo vamos concretando, descubriendo cuál es la opción en la que más en planitud podemos vivir esa vocación común. Dejándonos guiar también por lo que el Espíritu de Dios suscita en nosotros.

En nuestras opciones, nuestra familia, nuestros trabajos, la manera en que elegimos vivir… (sí, también se trata de elecciones personales), buscamos esa voluntad de Dios. Pero una voluntad que pasa también por nuestra propia voluntad -seducida por el evangelio- y nuestra libertad. De esto se trata en definitiva. ¿Hay una vocación para mí? Sí. Esa vocación común de la humanidad querida y creada por Dios; y una concreción particular, exclusiva mía; que tiene mucho que ver con mi maera única y definitiva de ser, de amar, de sentir, de vibrar y de luchar, en el contexto y tiempo que me ha tocado vivir.

¿Cómo encontrarla?

Ahí es donde intervienen nuestra capacidad de arriesgar y de buscar, nuestra disposición a escuchar (fuera y dentro de uno) tratando de ver cómo resuenan ciertas cosas, qué sentimientos y pensamientos despiertan, cómo, en el fondo, determinados pasos te ponen en camino y en ese camino creces y cambia el mundo contigo. Para mejor.

Y ahí tenemos a Íñigo. Buscando esa voluntad. Tratando de decidir, una y otra vez. Preguntándose, adónde le está conduciendo Dios, qué nombres, qué rostros, qué historias le esperan. Moviéndose entre la intuición y la fe, entre la búsqueda y el deseo, entre la esperanza y la respuesta.

Mes de julio con Ignacio de Loyola