Reencuentro

Dos meses antes de lo previsto, le avisan de la llegada de visitantes que preguntan por él, sale a la calle preguntándose de quién puede tratarse. Cuando reconoce los rostros familiares de Javier, Fabro, Salmerón, Laínez… de todo el grupo, estalla en júbilo. Es un reencuentro memorable…

Es la reunión de amigos, la confirmación de una opción conjunta, el nuevo cruce de caminos que, esperan, ya han de continuar entreverados. Son salvadas las distancias, como esos peregrinos que tras largas etapas de dolor y sufrimiento parecen olvidar las lágrimas y las fatigas, la impotencia y el dolor ante la alegría de llegar al destino tanto tiempo intuido…

Han caminado hasta la extenuación. Han corrido peligro y han estado a punto de ser detenidos varias veces. Han pasado hambre y frío. Pero ahora lo único que brilla, enorme y espléndido, es la alegría del reencuentro y el sentirse otra vez «en casa» al estar todos juntos.

La alegría de estar con los suyos le impide conciliar el sueño… Conoce a casi todos como si fuesen sus hijos… Confían en él y él en ellos. Conoce bastantes de sus heridas y sus fortalezas, de sus miedos y sus valores. Como le viene sucediendo últimamente, la emoción da paso a a oración, y esta viene acompañada de lágrimas… Siente, una vez más en el centro de su vida, a Dios.

«Todo es vuestro»

 

 

(Texto del libroIgnacio de Loyola, nunca solo 

de José María Rodríguez Olaizola, SJ

Mes de julio con Ignacio de Loyola